Como se ha mencionado previamente, el comportamiento
sexual en la vejez depende de muchos factores: salud en general, disponibilidad
de un compañero (a) sano (a), personalidad, actitudes hacia y de los otros,
nivel de educación, nivel social, creencias sexuales, actitud sexual previa,
intereses y prácticas previas, grado de satisfacción con la vida, etc.
La sexualidad en el anciano debe considerarse
en una forma amplia e integral, incluyendo en ella tanto componentes físicos
como emocionales. Por ello, se acepta como normal en el anciano ciertas
modificaciones en el patrón sexual considerado como estándar si se relaciona
con el adulto joven; estas serían: disminución del número de coitos y el
aumento proporcional de otras actividades sexuales como las aproximaciones
físicas, caricias, ratos de intimidad emocional, de complicidad, relaciones de
compañía o masturbaciones.
Kinsey y otros investigadores demostraron que
la masturbación es bastante común entre los ancianos (levemente menor que en
los jóvenes). En algunos trabajos recientes (Morley) se demuestra que la
masturbación es la actividad sexual más frecuente en los varones mayores de 80
años. El 40-50% de las mujeres independientes mayores de 60 años practicaba
esta actividad, y hasta un 8% de ellas se masturban con una frecuencia semanal.
La prevalencia de la masturbación se explica,
en muchos casos, por la existencia de una pareja incapacitada y por la
frecuencia de viudez en edades avanzadas. Esto, unido al rechazo social que
existe hacia el establecimiento de una nueva pareja, serían factores que
propiciarían la satisfacción sexual mediante la masturbación.
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