martes, 24 de septiembre de 2013

Memoria y aprendizaje del adulto mayor

Si se mantiene una buena salud física, en términos relativos, sin que se haya deteriorado desmedidamente el equipo biológico necesario, entonces:

Las funciones intelectuales elevadas, tales como la imaginación, la habilidad de juzgar, la de generalizar, etc. son relativamente independientes de la edad de la persona y su declinación depende mucho de cada individuo.

Lo que disminuye en la vejez, no es el poder mental en sí, sino la rapidez con que se ejecutan las tareas intelectuales. El deterioro es más notable en aquellas en que cuenta la rapidez con que se reacciona.  La edad afecta mucho más “cuanto” se hace que “cuan bien se hace”.

Se describen tres clases de memoria: Inmediata, Reciente y Remota.  Las dos primeras, según fuertes indicios, se deterioran según vamos envejeciendo. Sin embargo la memoria remota puede hasta mejorar.


En el aprendizaje hay que tener en cuenta:

·        La naturaleza de la tarea: los aprendizajes que requieren la presencia de factores visuales y motores declinan más rápidamente con la edad, mientras que las tareas que implican aspectos verbales y de información pueden mejorarse durante los años productivos del individuo.
·    Aparentemente las personas que con mayor frecuencia desarrollan conductas que exigen aprendizaje (manteniendo una actitud inquisitiva e interesada en muchos aspectos de la vida) pierden su habilidad para aprender, más lentamente.
·   Los que enseñan a personas mayores deberán tener en cuenta las limitaciones físicas (disminución de la visión, la audición) y los condicionamientos sociales (falta de confianza en sí mismo) de los ancianos, que influyen negativamente en el proceso de aprendizaje. Podrán ayudar a superar estos inconvenientes, con conductas tan simples como hablar pausadamente y en voz alta o brindar estímulos positivos.

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